Fue como atravesar un espejo hacia otro mundo. El 26 de noviembre de 1865, Charles Lutwidge Dodgson —brillante matemático y profesor de Oxford— decidió esconderse tras el seudónimo Lewis Carroll para publicar una obra que remeció la literatura victoriana. En una época aferrada a la razón y al orden, él se permitió lo imposible: una niña cayendo por una madriguera hacia un lugar donde el absurdo era ley y el tiempo corría al ritmo de una liebre histérica.
Fue como atravesar un espejo hacia otro mundo. El 26 de noviembre de 1865, Charles Lutwidge Dodgson —brillante matemático y profesor de Oxford— decidió esconderse tras el seudónimo Lewis Carroll para publicar una obra que remeció la literatura victoriana. En una época aferrada a la razón y al orden, él se permitió lo imposible: una niña cayendo por una madriguera hacia un lugar donde el absurdo era ley y el tiempo corría al ritmo de una liebre histérica.