Era una joven debutante en la vida social del Nueva York de los años 70. De vestido rojo con lunares y sombrero a juego, Kay Adams se aferraba a la mano de su futuro marido, Michael Corleone, en el matrimonio de su hermana Connie. Su presencia, sobria, elegante, casi frágil, contrastaba con la opulencia y los códigos cerrados de la familia Corleone. Ese día cruzó una puerta sin saberlo. Y, como en las grandes tragedias, no había vuelta atrás.
Era una joven debutante en la vida social del Nueva York de los años 70. De vestido rojo con lunares y sombrero a juego, Kay Adams se aferraba a la mano de su futuro marido, Michael Corleone, en el matrimonio de su hermana Connie. Su presencia, sobria, elegante, casi frágil, contrastaba con la opulencia y los códigos cerrados de la familia Corleone. Ese día cruzó una puerta sin saberlo. Y, como en las grandes tragedias, no había vuelta atrás.