Hace dos décadas, el investigador italiano causó controversia al hablar de neurobiología vegetal” y postular que las plantas se comunican y tienen su propia forma de inteligencia. Hoy, buena parte de sus ideas son aceptadas y adoptadas por científicos en todo el mundo. Aun así, Mancuso advierte que la humanidad está ignorando aquello que constituye la esencia de la vida del planeta y nuestra propia supervivencia como especie.
Hace dos décadas, el investigador italiano causó controversia al hablar de neurobiología vegetal” y postular que las plantas se comunican y tienen su propia forma de inteligencia. Hoy, buena parte de sus ideas son aceptadas y adoptadas por científicos en todo el mundo. Aun así, Mancuso advierte que la humanidad está ignorando aquello que constituye la esencia de la vida del planeta y nuestra propia supervivencia como especie.
Al principio, Stefano Mancuso pensó que había fracasado. Interesado en descifrar el mecanismo con el cual las plantas sorteaban obstáculos a su crecimiento bajo tierra, montó un sofisticado sistema para observar la trayectoria de sus raíces y el momento en que -suponía- chocaran con la barrera impuesta y tantearan una ruta alternativa. Pero la planta en cuestión lo sorprendió: comenzó a cambiar su trayectoria mucho antes, emprendiendo una ruta más eficiente. Fue el momento semilla que pronto germinaría en una carrera disruptiva y polémica que echó raíces en su flamante Laboratorio de Neurobiología Vegetal –una frase controversial hasta hoy en muchos círculos científicos y académicos– en Florencia, que creó en 2005. Sistemáticamente, Mancuso investigó, publicó y confirmó una idea que parecía radical: que las plantas no son organismos pasivos ni meras máquinas biológicas, sino seres capaces de percibir el entorno, comunicarse, resolver problemas y, en definitiva, de comportarse de maneras que obligan a revisar lo que entendemos por inteligencia.
Fuera del laboratorio, Mancuso ha cultivado una fértil carrera como divulgador, con libros como Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal (2015), El futuro es vegetal (2017), El increíble viaje de las plantas (2019), La nación de las plantas (2020), La planta del mundo (2021) y Fitópolis, la ciudad viva (2024). Hace poco, con La tribu de los árboles Mancuso dio un salto hacia la ficción, narrando por primera vez la vida vegetal desde el propio punto de vista de los árboles. A principios de este año, el elogiado cronista científico estadounidense Michael Pollan publicó su libro A World Appears: A Journey Into Consciousness, donde revisa el trabajo de científicos de todo el mundo en la búsqueda de la elusiva explicación para aquello que llamamos “consciencia”. Uno de los primeros investigadores citados es Stefano Mancuso, cuya obra desafía nociones de la exclusividad de la sintiencia animal y de un mundo donde el ser humano es el ser preeminente. Leer hoy a Mancuso asociado con el puñado de investigadores que han acometido una de las preguntas fundamentales de la ciencia humana contrasta con el aislamiento al que parecía destinado hace sólo dos décadas.
¿Se siente de alguna manera reivindicado con su línea de investigación, considerando cómo lo veían cuando empezó a hablar de las plantas de esta manera?
No usaría el término “reivindicado”, pero es una satisfacción ver que muchos temas que hace 20 años se consideraban casi una locura, ciencia ficción o algo totalmente ajeno a la realidad, hoy son habituales en muchos laboratorios de todo el mundo. Y claro, por un lado, es una satisfacción, pero no me preocupaban las críticas. Es decir, si realmente estás diciendo algo nuevo, tienes que estar preparado para recibir críticas muy fuertes. Así funciona. La ciencia es verdaderamente conservadora. Y debe serlo porque antes de aceptar algo nuevo, hay que superar muchas pruebas. Así que ahora, 20 años después, me alegra mucho que la mayoría de mis primeros experimentos sean aceptados y formen parte de la ciencia convencional.
¿Y podríamos decir que la mayoría de sus experimentos son convencionales ahora?
No, quizás “convencional” no sea la palabra adecuada. A pesar de la gran cantidad de resultados experimentales, hay muchos científicos que siguen viendo a las plantas como máquinas automatizadas. Pero también hay un número creciente de científicos, sobre todo de las generaciones más jóvenes que, por el contrario, estudian las plantas como agentes cognitivos. La mayor controversia sobre la inteligencia vegetal gira en torno a qué entendemos realmente por “inteligencia”. Este es probablemente el punto principal, y está relacionado con nuestro antropocentrismo. Los humanos estamos convencidos de que somos el ser vivo más superior del planeta. Y perdemos de vista el verdadero objetivo, la verdadera meta de la vida: la supervivencia de la especie. Desde este punto de vista, somos los seres vivos más estúpidos. Para que te hagas una idea, el homo sapiens lleva en este planeta sólo 300.000 años. La esperanza de vida media de todas las especies del planeta es de 5 millones de años. Esto significa que, si no fuéramos superiores, sino promedio, como todos los demás seres vivos del planeta, nuestra especie sobreviviría otros 4.700.000 años. En este momento es casi imposible imaginarlo. Por lo que le estamos haciendo al planeta, a nuestros recursos, a nuestro medioambiente, a todos los demás seres vivos, etcétera. Desde ese punto de vista, somos increíblemente estúpidos como especie. Una de las razones de nuestra incapacidad para comprender la realidad es creer que somos la única especie inteligente. Para mí, la inteligencia es un parámetro de la vida. Es decir, es imposible imaginar cualquier forma de vida que no sea inteligente. Todo ser vivo debe resolver problemas. Existen miles de especies de plantas en este planeta desde hace cientos de millones de años. Ahora imagina cuánto ha cambiado el planeta en 100 millones de años, y mira cómo han logrado sobrevivir. Esta es la verdadera evidencia de inteligencia. Es imposible sobrevivir sin ser inteligente.
¿Cree que la resistencia y la controversia que rodearon su trabajo al principio se debían a la rigidez de la ciencia como actividad humana? ¿O se trataba de un problema más amplio?
Es un buen punto. Normalmente, la ciencia es un tema conservador, y por eso se exige aportar pruebas. En mi caso, la evidencia científica que presento cuestiona uno de los pilares principales de nuestra concepción antropocéntrica: que somos el estándar de vida, y que cuanto más se acerque un ser vivo a nosotros, mejor. Basta con observar el grupo de especies al que pertenecemos. El homo sapiens es la única especie del género homo, pero tenemos parientes muy cercanos entre los monos, a los que llamamos “primates”. Eso en latín significa “los mejores”. Así que nos consideramos parte del grupo de los mejores. Así que tienes razón, no se trata sólo de un problema científico; se trata de cuestionar algo mucho más arraigado en nuestra concepción de la humanidad.
¿Recuerda el primer momento en que se dio cuenta de que las plantas eran algo tan diferente a lo que se pensaba?
Desde joven me interesaron las plantas, pero debo confesar que hasta mis estudios de doctorado, las estudiaba de la forma habitual: como algo muy pasivo, sin ninguna capacidad real para resolver problemas, para percibir el entorno. Pero en una de las tareas de mi tesis, investigaba cómo una sola raíz era capaz de superar un obstáculo. La teoría era que la raíz debía chocar con el obstáculo, intentando dar pequeños saltos hasta encontrar el camino correcto. Monté un sistema magnífico para observarlo, pero lo que encontré fue completamente diferente. La raíz, mucho antes de llegar al obstáculo, giraba para superarlo por el camino más corto. Al principio me sentí completamente decepcionado. Empecé a pensar que mi experimento estaba equivocado. Pero al final, tuve una especie de revelación: la raíz sabía dónde estaba el obstáculo mucho antes de llegar a él, y era capaz de calcular el camino más corto para superarlo. Fue un verdadero momento de inspiración. Dije: “Siempre pensé que todas estas plantas eran organismos pasivos, pero son brillantes”. Todo cambió.
¿Por qué quiso crear un nuevo laboratorio en Florencia en lugar de trabajar con las instituciones botánicas ya existentes?
Al principio, hace 25 años, por ponerte un ejemplo, junto a mi colega alemán František Baluska queríamos fundar una nueva revista que, según nuestra idea, se llamaría Comunicación Vegetal. Fue completamente imposible. La sociedad botánica mundial empezó a decir que no podíamos porque la comunicación vegetal no existía. Curioso. Hoy en día puedes encontrar cientos de laboratorios de comunicación vegetal. Pero en aquel entonces trabajar con la inteligencia vegetal era algo errático dentro de un instituto botánico. Como tuve la suerte de convertirme en profesor muy joven, tuve la autonomía y la fuerza para crear mi propio laboratorio. Esto fue una gran ventaja. Era la única posibilidad de estudiar ese tema.
¿Cómo ve su trabajo dentro de la historia de la ciencia, desde los primeros naturalistas, como Charles Darwin? ¿Cree que en un momento dejamos de preguntarnos sobre las plantas? ¿Siente que está retomando el trabajo de esos científicos del pasado o cree que está proponiendo algo distinto?
Es difícil responder a tu pregunta porque la ciencia es un camino continuo. Diría que ambas posibilidades son ciertas. Charles Darwin es, sin duda, el naturalista más importante de la historia; publicó siete libros sobre plantas a lo largo de su vida. Pero después, con el auge de los estudios sobre el cerebro, todo lo que no se consideraba inteligente, la falta de cerebro, fue completamente descartado por la ciencia. Y esto también es algo notable. Hoy, para la mayoría de los científicos, los únicos organismos inteligentes son los que poseen cerebro. Por ejemplo, los animales. Pero, ¿sabes cuántos animales hay? En términos de masa, el porcentaje de masa animal sobre la masa total de seres vi - vos es sólo del 0,3%. Es decir, para la mayoría de los científicos, sólo el 0,3% de la vida es inteligente. El 99,7% restante, en su mayoría plantas, es completamente irracional, simplemente una máquina. Obviamente, esto no es posible. Pero en la historia de la ciencia, de vez en cuando, se producen reconexiones con algo que se estudiaba hace mucho tiempo y que habíamos ignorado últimamente.
¿Cuál cree que será su legado?
Se trata de recuperar la importancia de las plantas entre los se - res vivos. Representan el 87% de la vida y las estamos ignorando. Si estudiamos la vida desde otro punto de vista, no antropocéntrico, por ejemplo, si un científico extraterrestre estudia la vida en la Tierra, diría que ésta es vida vegetal y nosotros, los animales, somos meras huellas irrelevantes. Ignorar que la vida es creada por las plantas nos lleva a cometer errores garrafales en nuestra relación con el resto de la naturaleza. Así pues, si quisiera dejar algo relevante, sería el reco - nocimiento de que las plantas son importantes para nuestro futuro.
Ha descrito cómo las plantas tienen muchos más sentidos que nosotros. Ha hablado de 15 o 20 sentidos distintos. Aunque los humanos somos muy diferentes ¿podríamos aprender algo de la forma en que resuelven sus problemas en la naturaleza?
Podemos aprender mucho. Este es un punto importantísimo, porque toda nuestra historia se ha basado en inspirarnos en los animales. Te doy un ejemplo: todo está organizado como nosotros. Tenemos un cerebro, una cabeza que gobierna y órganos especiali - zados en una tarea específica.
Vemos con dos ojos, oímos con dos oídos, tenemos dos pulmones y un cerebro. Es una pirámide, una jerarquía. Si observan su revis - ta, mi universidad, nuestro gobierno, la administración, la sociedad, todo está organizado de la misma manera: una cabeza y órganos es - pecializados. Es la única forma que creemos posible. Las plantas no tienen órganos simples ni dobles; es uno de los problemas por los que no podemos verlas como organismos activos. ¿Por qué no tienen órganos simples ni dobles? Porque tenerlos es un punto débil. Imagí - nense si una planta estuviera construida como nosotros: con cerebro, dos ojos y dos pulmones: el primer gusano que hiciera un agujero en el cerebro o en otro órgano bastaría para matarla. Entonces, ¿cómo se organizan las plantas? De una manera completamente diferente. Tienen una organización distribuida, horizontal y difusa, donde se puede eliminar el 80% del cuerpo y la planta sobrevive.
Internet se construyó como una planta sin cabeza. Es simple - mente un grupo distribuido de nodos. Así que, en mi opinión, la idea de modernidad, es una organización vegetal. Deberíamos or - ganizar todo de una manera mucho más moderna, inspirándonos en las plantas, no en los animales.
El estudio de los hongos, del reino fungi, también muestra que hay mucho que no conocemos de la vida en el planeta…
Esto es muy interesante, y es muy instructivo sobre nuestra for - ma de pensar. Los hongos representan solo el 1,2% de la vida, pero estamos dispuestos a afirmar que son diferentes y muy interesantes. No son plantas. En todos nuestros idiomas, en español, en italiano, en inglés, estar en estado vegetativo significa no tener ninguna capacidad. Esto es algo muy arraigado en nuestra naturaleza humana. Estamos dispuestos a decir que sí, que existen hongos, incluso bacterias. Es más fácil hablar de inteligencia bacteriana que de inteligencia vegetal.
Quería tomar esta idea de que los hongos son como el tejido conectivo entre las diferentes especies, las plantas, los animales y todo lo demás. ¿Cree que al conocer mejor las plantas podemos comprender mejor el planeta y relacionarnos mejor con él?
Sí, por supuesto. Las plantas son el motor de la vida. Si en nuestro planeta existe vida, es gracias a las plantas. Si por algún motivo apocalíptico las plantas desaparecieran mañana, toda la vi - da del planeta desaparecería al día siguiente. Dependemos comple - tamente de ellas. Sin embargo, hasta ahora hemos estado hablando del planeta, de nuestro futuro, de la naturaleza, sin tener en cuenta el 87% de la vida. Es algo realmente absurdo, no puedo imaginar nada más estúpido. Es como tener un parlamento de 500 miem - bros, donde el representante de la humanidad y los animales, es sólo uno. Y a éste le damos muchísimo más valor que a las otras 499. Así es como actuamos hoy, ignorando la mayor parte de la vida.