"Mi primera carrera es el traductorado porque creo que quería traducir a Katherine Mansfield y a Virginia Woolf", señaló la crítica y guionista argentina, Graciela Speranza.
"Mi primera carrera es el traductorado porque creo que quería traducir a Katherine Mansfield y a Virginia Woolf", señaló la crítica y guionista argentina, Graciela Speranza.
La crítica, narradora y guionista Graciela Speranza conversó sobre su trayectoria y la manera en que las artes visuales se entrelazan con la literatura, el cine y las preocupaciones contemporáneas.
“Mi primera carrera es el traductorado porque creo que quería traducir a Katherine Mansfield y a Virginia Woolf. Luego estudié Letras. Mi primer trabajo crítico fue sobre Manuel Puig, pensado en relación con el arte pop y el cine. Desde entonces, las disciplinas se mezclaron más allá de mi afición por el arte y el cine”, recordó.
Speranza explicó que su interés por cruzar fronteras entre disciplinas nació con la historia del artista Marcel Duchamp, quien pasó nueve meses en Buenos Aires: “Partí de esos meses que pasó Duchamp en Buenos Aires solo para pensar una aventura conceptual en la literatura y el arte contemporáneo argentino. Había escapado de Francia por la guerra y buscó el lugar más lejano que encontró: Buenos Aires.”
La autora reflexionó también sobre los límites de la etiqueta “arte latinoamericano” y cómo su mirada se ha vuelto más global con el tiempo: “De ahí en más, es una pregunta si tenemos que seguir hablando de arte latinoamericano o no. Mi experiencia del arte no es solo latinoamericana, me parecía forzado no reunir todo lo que veo y pienso”, señaló.
En su más reciente libro, Cronografías, Speranza aborda los desafíos del presente: “No vemos lo que el arte ve. Se preocupa de las amenazas más inminentes: el cambio climático y la inmersión en la vida digital. Me parece que el arte ayuda a ver.”