El turbulento arranque del nuevo Congreso

El parlamento que asumió junto con el debut del nuevo gobierno da cuenta de un nuevo mapa de poder, y lo que vimos en la primera gran discusión –la de la megarreforma del Ejecutivo– sirvió de adelanto de la nueva cartelera de alianzas y enfrentamientos.

El turbulento arranque del nuevo Congreso

El parlamento que asumió junto con el debut del nuevo gobierno da cuenta de un nuevo mapa de poder, y lo que vimos en la primera gran discusión –la de la megarreforma del Ejecutivo– sirvió de adelanto de la nueva cartelera de alianzas y enfrentamientos.

Si bien el 11 de marzo la atención, los focos y la expectativa estuvieron puestos mayoritariamente en el traspaso de mando presidencial, con el fin del gobierno de Gabriel Boric y el inicio del de José Antonio Kast, hubo otro hecho –ocurrido también en el edificio del Congreso Nacional- que marcó la pauta del devenir político del país: el inicio del quincuagésimo séptimo (LVII) período legislativo.

La totalidad de la Cámara de Diputados y la mitad del Senado se sometieron a las urnas en las elecciones parlamentarias del 16 de noviembre de 2025, lo que marcó la reelección o la pérdida del escaño para varios de los legisladores. A ellos se suman los congresistas que cumplieron el límite legal de reelecciones, lo que significó también el fin de varias y prolongadas carreras al interior del Poder Legislativo. Paradigmáticos fueron los casos de los senadores Juan Antonio Coloma (UDI) o José García Ruminot (RN), quienes se desempeñaron como parlamentarios de forma ininterrumpida desde el retorno de la democracia, en 1990.

La carrera para encabezar las testeras 

Apenas inició la nueva legislatura se puso en marcha rápidamente un proceso que marcaría la agenda del Congreso ese día, pero que había comenzado a fraguarse mucho antes: la conformación de las mesas directivas.

La elección de quiénes presiden el Senado y la Cámara, en su primer ciclo, marca un hito clave en la relación con el recién instalado Ejecutivo. Este año también significó el primer triunfo legislativo del gobierno de Kast.

La derecha, además de haber ganado la presidencia, logró encabezar ambas ramas del Poder Legislativo, lo que facilitará en parte la agenda legislativa de La Moneda. Mientras en el Senado el acuerdo administrativo entre el Partido Socialista y el PPD con el oficialismo dio por asegurada la asunción de Paulina Núñez (RN) como presidenta del Senado, en la Cámara Baja la tensión se mantuvo hasta el último segundo.

Los comicios arrojaron una Cámara virtualmente empatada. De los 155 diputados, 76 son de derecha y centroderecha y 64 lo son de izquierda y de centroizquierda. La completan los 13 parlamentarios del Partido de la Gente y dos diputados independientes.

La bancada “bisagra”, como se autodenominó el PDG, se inclinó rápidamente a la izquierda a cambio de que la diputada Pamela Jiles se alzara con la presidencia de la corporación. A esa colectividad se sumó el Partido Comunista, el Frente Amplio, el PS, el Partido Liberal, el PPD y la Democracia Cristiana en apoyo a la parlamentaria.

La recién estrenada oposición contaba con más de la mitad de los votos, cifra necesaria para instalar a Jiles en la testera.

Al frente, los partidos que inauguraban -o volvían- a su fase oficialista y que respaldaron al diputado gremialista Jorge Alessandri: Demócratas, Evópoli, Renovación Nacional, la UDI, el Partido Republicano y el Partido Social Cristiano. También lo apoyó el Partido Nacional Libertario, que no es parte del gobierno pero que hasta el momento ha respaldado, con matices, gran parte de su agenda.

El giro de último minuto de Jaime Mulet (FRVS); del independiente en bancada DC, Felipe Camaño, y de Cristián Contreras (PDG) terminaron por inclinar la balanza a favor de Alessandri, quien logró 78 votos por sobre los 75 de Jiles.

Este pirquineo de votos refleja el equilibrio de fuerzas dentro de la corporación e inevitablemente hacen poner el foco en las intensas negociaciones que se vislumbran en el hemiciclo.

Rebaraje en la(s) derecha(s) 

Aunque la nivelación entre izquierda y derecha en la Cámara se mantuvo de forma similar al periodo anterior, lo cierto es que hubo un cambio profundo dentro del actual oficialismo: Chile Vamos perdió la hegemonía del sector frente a “la nueva derecha”.

La coalición que gobernó dos veces con Sebastián Piñera bajó de 53 a 34 escaños, siendo RN el partido que menguó más su presencia: de 25 a 13 diputados, incluyendo a los independientes en cupo de la colectividad. Por el contrario, la “nueva derecha” dio un salto y pasó de 14 a 42 diputados.

¿Cómo será la relación entre las derechas en esa corporación? En 2023 los 11 representantes de la centroderecha en el Consejo Constitucional fueron en la práctica un vagón de cola de los 23 consejeros republicanos, quienes dominaron la instancia. A ello se suma que en este periodo los republicanos lograron la presidencia de las 27 comisiones, por lo que podrán controlar los ritmos del debate legislativo.

De todas formas, si en la Cámara la “nueva derecha” tiene una proporción de 4 a 3 con la derecha tradicional, en el Senado Chile Vamos aún mantiene una amplia mayoría en el sector.

“Chile Vamos es numéricamente superior a otras fuerzas de la derecha en términos parlamentarios y municipales. Políticamente sin embargo, las fuerzas evidentemente están equiparadas más allá de algo numérico, lo que resulta positivo para la misión que tenemos de llevar adelante en conjunto un gobierno que saque al país del estado en que lo dejó el gobierno de Gabriel Boric”, sostiene la diputada Ximena Ossandón (RN), segunda vicepresidenta de la Cámara.

Nuevos rostros, nuevos estilos

A partir del mismo 11 de marzo se evidenció el estilo performático que algunos de los nuevos parlamentarios buscarían desplegar en su paso por el Congreso. Ese día causó polémica el traje de la diputada republicana Javiera Rodríguez, quien asumió vestida con un atuendo similar al de Carabineros. El mensaje “Chao pensiones de gracia” que portaba su abrigo en la espalda causó abucheos inmediatos en los parlamentarios de izquierda.

El nuevo diputado Francisco Orrego (RN), asiduo panelista del programa de debate político Sin Filtros, continuó con su particular estilo estridente y destemplado en el hemiciclo. ¿La consecuencia? Fue amonestado con $120 mil pesos de su dieta por no respetar las advertencias del timonel de la Cámara apenas tres semanas después de asumir.

Ambos son parte de una nueva camada de parlamentarios que construyeron una base de seguidores en las redes sociales y en programas de televisión o de streaming y que, desde ahí, se catapultaron a la primera línea política. En la Cámara “la bancada Sin Filtros” incluye también a Pier Karlezi (PNL) y Constanza Hube (UDI), mientras que en el Senado se compone de Camila Flores (RN) y Rodolfo Carter (Ind.-Rep), ambos políticos de trayectoria pero recién llegados a la Cámara Alta.

“No voy a catalogar o enjuiciar a diputados o senadores por la forma en que han desarrollado sus carreras políticas previas al parlamento”, afirmó la diputada Ossandón, agregando, de todas formas, que “la necesidad de mantener un diálogo democrático de forma respetuosa y propia de nuestra investidura, es algo que le corresponde a todos, sin distinción alguna”.

PDG impone su rol de bisagra

Entre los diputados considerados “excéntricos” por sus pares está Cristián Contreras, conocido como “Doctor File”, quien alcanzó notoriedad al difundir teorías conspirativas y misterios históricos en programas de televisión.

Contreras asumió como uno de los 14 diputados del PDG, colectividad clave en la Cámara porque, como se explicó, puede inclinar la balanza a favor tanto para el oficialismo como para la oposición. Su decisión de no apoyar a Pamela Jiles causó fricciones irreconciliables al punto de ser expulsado de la bancada, que quedó con 13 integrantes.

El hecho inevitablemente hizo recordar la autodestrucción de la bancada PDG durante el periodo legislativo anterior. Del 2022 al 2024 la bancada pasó de tener seis diputados a quedarse sin representación parlamentaria, entre renuncias y expulsiones.

¿Está condenada la bancada PDG a repetir la historia y desmoronarse otra vez? Si eso ocurre, hay una incógnita que interesa en los pasillos del Congreso: ¿los descolgados respaldarán a la izquierda o le darán mayoría a la derecha?

“Venimos a romper con esa vieja lógica de oficialismo y oposición. Nosotros somos proposición”, afirma para este reportaje el jefe de bancada del PDG, el diputado Juan Marcelo Valenzuela. “Cuando vengan leyes las vamos a mirar caso a caso. Cuando haya que mejorarlas, las vamos a mejorar. Cuando haya que rechazarlas, las vamos a rechazar”, sostiene, precisando que ellos tienen su “propia agenda legislativa que lo único que busca es mejorar la calidad de vida de los chilenos de a pie”.

Esa posición quedó de manifiesto con el respaldo que la bancada dio al Plan de Reconstrucción Nacional, la ley miscelánea con la que el Presidente Kast busca impulsar su “gobierno de emergencia”. El apoyo se condicionó a que La Moneda presentara un proyecto que devolviera el IVA de medicamentos y pañales. El acuerdo tuvo idas y venidas, tensiones y amenazas de no cumplirlo, pero finalmente las conversaciones entre su líder Franco Parisi y el Ejecutivo llegaron a puerto y los parlamentarios PDG apoyaron la idea de legislar de la megarreforma.

La izquierda pasa a la ofensiva

La oposición reestrenó su rol con una derrota: la elección de Alessandri como presidente de la Cámara. Luego, durante las primeras semanas, evidenció una cierta estupefacción frente a la intensa agenda de copamiento que llevó adelante La Moneda.

Dos hechos fueron los que encauzaron al sector: la abrupta alza del precio de los combustibles, luego que el gobierno ajustara el Mepco, y que se incluyera la reducción del impuesto corporativo dentro de la ley miscelánea.

La izquierda no tardó en calificarla como la “ley tutti frutti” o la “ley gato por liebre” y centró sus esfuerzos en cargar contra el Ejecutivo por incluir dentro de la megarreforma la rebaja escalonada del impuesto corporativo del 27% al 23%. Con ello, la oposición atizó su relato de que el gobierno “busca favorecer a los súper ricos”.

Además, los partidos de izquierda –junto al PDG– presentaron un “tsunami” de indicaciones una vez que el proyecto arribó a la comisión de Hacienda.

A cerca de tres meses de funcionamiento del nuevo Congreso es válido preguntarse: ¿Qué rol tendrá la centro-izquierda en los próximos cuatro años? ¿le van a negar la sal y el agua al Gobierno? ¿Cómo el oficialismo podrá conseguir mayorías?, ¿Se vislumbra un solo bloque detrás del Gobierno? Preguntas abiertas que sólo el tiempo, la contingencia y este nuevo Congreso irán definiendo.