Antonio Bascuñán sobre DigitalGravura: “Tenemos artistas como Ricardo Irarrázabal, que ronda los 93 años, y jóvenes de 18 años"

"Comenzamos experimentando con amigos artistas, y eso ha ido creciendo en los últimos 30 años, de manera que muchas de las obras que hicimos se fueron a museos como el Reina Sofía, la Tate y el MoMA", señaló el diseñador Antonio Bascuñan.

Antonio Bascuñán sobre DigitalGravura: “Tenemos artistas como Ricardo Irarrázabal, que ronda los 93 años, y jóvenes de 18 años"

"Comenzamos experimentando con amigos artistas, y eso ha ido creciendo en los últimos 30 años, de manera que muchas de las obras que hicimos se fueron a museos como el Reina Sofía, la Tate y el MoMA", señaló el diseñador Antonio Bascuñan.

El diseñador Antonio Bascuñán, director de StudioDigital y DigitalGravura, repasó la historia y evolución de este taller pionero que ha fusionado arte, diseño y tecnología durante más de tres décadas, convirtiéndose en un referente internacional, a raíz de la Exposición “DigitalGravura: 30 años de arte colaborativo”.

DigitalGravura es Es un taller experimental que partimos desde una oficina de diseño gráfico llamada Estudio Digital" contó que comenzó experimentando con un grupo de amigos artistas y que eso ha ido "creciendo en los últimos 30 años, de manera que muchas de las obras" que hicieron "se fueron a museos como el Reina Sofía, la Tate y el MoMA”, explicó Bascuñán, destacando la relevancia que ha alcanzado el taller a nivel mundial gracias a la colaboración constante entre artistas consagrados y nuevas generaciones.

Esa diversidad es parte esencial del espíritu de DigitalGravura. “Tenemos artistas como Ricardo Yrarrázaval, que ronda los 93 años, y jóvenes de 18 años”, comentó, subrayando cómo el espacio se ha convertido en un punto de encuentro entre distintas generaciones y miradas creativas.

El diseñador recordó que todo comenzó con una intuición tecnológica y que lo inspiró un reportaje que leyó en el diario donde se contaba "que el Louvre había comprado unas máquinas" de impresión que el también "podía adquirir en Chile", y que estas usaban "papeles de grabado y tintas certificadas para durar más de 100 años, con una impresión de calidad fotográfica”, relató. Esa noticia lo inspiró a dar el salto: “El museo las había comprado para hacer reproducciones, y como siempre había querido trabajar en grabado, me compré una de estas para comenzar. Invité a mis amigos a realizar trabajos digitales; entonces inventamos que los papeles fueran distintos, de la mejor calidad, se imprimieron y, además, los artistas los intervinieron”.