En sus 31 años de historia, Duna ha construido parte fundamental de su identidad a través de su música. Este es un playlist con las canciones que bien podrían estar en la hélice de su ADN.
En sus 31 años de historia, Duna ha construido parte fundamental de su identidad a través de su música. Este es un playlist con las canciones que bien podrían estar en la hélice de su ADN.
Billy Paul “Me and Mrs. Jones” (1972)
Un artista negro cantando sobre una aventura extramatrimonial en la América de Nixon no parecía la jugada más inteligente para vender un disco. Pero Billy Paul, uno de los íconos del soul de Filadelfia, jugó sus cartas con “Me and Mrs. Jones”, un clásico que no celebra la infidelidad, más bien la explica como la reacción necesaria de dos almas melancólicas. La voz de barítono de Paul se mezcla con una orquesta de cuerdas y bronces para este número 1 de diciembre de 1972 que después tendría sus réplicas (algo más inofensivas) en las versiones de Freddie Jackson y Michael Bublé.
America “A horse with no name” (1972)
“A horse with no name” es un ejercicio de nostalgia que recorre los paisajes áridos de Nuevo México y el sur de California. El grupo America la compuso con la vista en los lugares de su niñez, mientras vivían en Inglaterra y trataban de volver a su tierra natal como trío de folk-pop. Aunque muchos los catalogaron de imitadores de Crosby, Stills, Nash and Young, las canciones de America lograron capturar a ese público que se movía entre el folk y el soft rock y que encontraron su lugar en esta historia de un caballo sin nombre, guitarras acústicas y armonías de séptima mayor.
Bob Dylan “Knockin' on Heaven's Door” (1973)
En noviembre de 1972 Bob Dylan y Sara Lownds vivían los estertores de su matrimonio. En esa fecha viajaron a México, donde Dylan grabó su papel para el western Pat Garrett y Billy the kid y se inspiró en esas locaciones semidesérticas para componer la banda sonora de la cinta dirigida por Sam Peckinpah. “Knocking on heaven’s door” es la viva imagen de un sheriff herido de muerte que agoniza frente a su mujer: en ese momento deja las armas y toca las puertas del cielo. También es la metáfora de esa relación agónica del ícono folk que un par de años después inspiraría otro clásico: “Blood on the tracks”.
Alphaville “Forever young” (1984)
Alphaville puso la banda sono - ra para muchos lentos apretados en la inolvidable década del 80. El ritmo suave y sintetizado de “Forever young” funcionaba como la balada perfecta y como una especie de anhelo juvenil que prometía vida eterna. Pocos se tomaron la molestia de escudriñar el sombrío sentido de las letras que cantaba el vocalista alemán Marian Gold. “Forever young” en realidad era casi un réquiem para la juventud europea en plena Guerra Fría. En 1984 el reloj del juicio final estaba rozando las 12 y las potencias nucleares amenazaban con ‘destrucción mutua asegura - da’ si es que alguien apretaba el botón. “Deseando lo mejor, pero esperando lo peor; ¿vas a soltar la bomba o no?", dice parte de la letra que sugiere morir joven como una forma de eternizarse frente a un futuro apocalíptico
Bruce Springsteen “Bobby Jean” (1984)
¿Quién es Bobby Jean? La pregunta se la han hecho fanáticos y críticos de música por igual al escuchar el clásico que Bruce Springsteen publicó en 1984 como parte de su disco Born in the USA. Aunque la canción no fue lanzada como sencillo, sí ocupó un lugar fundamental en la memoria colectiva y suele ser interpretada en los conciertos que The Boss realiza junto a su E Street Band. La letra de “Bobby Jean” muestra recuerdos de una relación estrecha, ya sea de amistad o romance, y luego la amargura de una despedida. Algunos se aventuraron en decir que estaba dedicada a su exnovia Diane Lozito pero la teoría más aceptada habla de la salida de Steve Van Zandt de la banda para seguir una carrera solista. A Springsteen le costó aceptar la marcha de su amigo y, años después, cuando Van Zandt regresó, lo mostraban en la pantalla gigante cada vez que sonaba “Bobby Jean”. Dave Marsh, biógrafo de Springsteen, también agrega otro pelo a la sopa: “Bobby Jean” representaría el adiós a esa etapa depresiva en que el artista grabó Nebraska y que aparece bien documentada en la película Deliver me from nowhere que se estrenó el año pasado en cines.
Bobby Caldwell “What you won't do for love” (1978)
Bobby Caldwell se ganaba la vida cantando en los clubes de Miami en la década del setenta. El cantante, compositor y multiinstrumentista se sentía cómodo en las fronteras del jazz y el rhythm and blues, también en ese estilo nocturno llamado quiet storm que patentó Smokey Robinson. El éxito lo encontró recién en 1978 con “What you won’t do for love” una canción que no parecía cantada por un blanco y que obligó a Bobby a posponer sus presentaciones en vivo para no espantar a su audiencia. La canción finalmente tuvo tan buena recepción que Caldwell pudo mostrar su rostro y su único hit terminó como un legado para las nuevas generaciones con sampleos de Tupac, Erica Baduh y Kendrick Lamar además de un viral de Tik Tok que lo inmortalizó en las redes sociales.
Cass Elliot “Make Your Own Kind of Music” (1969)
La imagen sonriente que Cass Elliott mostraba en los escenarios no guardaba mucha relación con lo que pasaba en su cabeza. Aunque su voz era pieza clave del cuarteto The Mamas and The Papas, su apariencia física la dejó en un rol secundario dentro de la banda. Su apodo de “Big Mama”, alusivo a su evidente sobrepeso, la hacía el blanco de burlas, que ella aceptaba con cierta resignación. Con la separación de la banda, Cass tuvo el impulso para comenzar su carrera solista: ya no dependía del ególatra John Phillips y podía desatarse de las relaciones tóxicas del cuarteto que la hizo famosa. Con el sello Dunhill ella editó “Make your own kind of music”, una canción compuesta por Barry Mann y Cynthia Weil que se alcanzó a colar en el Top 40, pero que en ese momento no le acomodaba del todo. Después de su trágica muerte, a los 34 años, la canción cobró otro significado: hablaba de su emancipación de las garras de la fama y del verdadero sentido de su música.
Gladys Knight & the Pips “Midnight Train to Georgia” (1973)
A principios de los 70, el sello Motown decidió mover toda su infraestructura a Los Ángeles, abandonando su mítico cuartel general de Detroit. Gladys Knight -acaso la mejor voz del soul- se opuso a trasladarse a las costas de California y entró en un claro conflicto que terminó en una sonada separación de Motown en 1973. El arribo a Buddah Records provocó un renacimiento creativo en la artista y generó el clásico que le otorgaría la inmortalidad en el panteón de la música popular. A sus manos llegó una canción de Jim Weatherly llamada “Midnight Plane to Houston”, que el autor había escrito inspirado en la sex symbol de los setenta Farrah Fawcett. Esa canción fue grabada primero por Cissy Houston, la madre de Whitney, quien le dio un sonido más de R&B, pero que no logró mayor éxito en los charts. Con algunas modificaciones y una interpretación que pasó a la posteridad, Gladys Knight se hizo cargo de la canción, ahora llamada “Midnight Train to Georgia”. El resto es historia: se convirtió en un éxito que lideró todos los rankings.
Crosby, Stills, Nash & Young “Ohio” (1970)
El 4 de mayo de 1970, la Guardia Nacional de Ohio disparó contra una multitud de estudiantes que protestaban por la expansión de la Guerra de Vietnam hacia Camboya. En algo más de 13 segundos los soldados dispararon unas 67 rondas y asesinaron a cuatro estudiantes de entre 19 y 20 años. Neil Young quedó conmocionado tras ver las fotografías del incidente en la revista Life, que mostraban a una estudiante herida en el suelo. Según David Crosby, Young se mantuvo silente por largo rato antes de tomar la guitarra y componer la canción en apenas minutos. Crosby, Stills, Nash y Young se reunieron días después en el estudio Record Plant de Los Ángeles y grabaron en pocas tomas y con mínima producción: la idea era captar la intensidad del momento y replicarla a través de la radio. Llamado simplemente “Ohio” el sencillo se convirtió en la quintaesencia de la canción protesta. Además de una letra muy directa, –casi como un reporteo insitu de la masacre–, la canción apelaba directamente a Nixon por los cuatro muertos en la universidad. Aunque tuvo una buena recepción en las listas, “Ohio” también polarizó a la audiencia estadounidense de 1970, reflejando las profundas divisiones sociopolíticas de la época.
Gustavo Cerati “Lago en el cielo” (2006)
Gustavo Cerati llegó con un estado de salud desmejorado a la última etapa de su carrera. La vida de rockstar, las dos cajetillas diarias que se fumaba y el gusto por la buena cocina estaban convirtiendo su sistema circulatorio en una bomba de tiempo. Seis meses después de haber comenzado su gira “Fuerza Natural”, la cerró en el Estadio de fútbol de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, en Venezuela. El concierto fue impecable y dejó para el final la canción “Lago en el cielo”, que aparece en su álbum Ahí vamos de 2006. “El tiempo es arena en mis manos”, cantó Cerati en “Lago en el cielo”. Y tiempo era lo que no le sobraba. Antes de ofrecer el solo de guitarra, el argentino dijo al público “Ahí les va un regalo... no tiene explicación” y ofreció un largo solo que funcionó como canto de cisne. Poco después sufrió un accidente cerebrovascular que lo dejó en coma por cuatro años hasta que dejó de existir la mañana del 4 de septiembre de 2014.
Phil Collins “Against All Odds” (1984)
La etapa más miserable de Phil Collins, al menos a nivel personal, fue la más creativa de su carrera solista. En medio de un divorcio y con una depresión a cuestas, el entonces vocalista y baterista de Genesis, se largó escribir una serie de canciones donde exorcizó a sus demonios y expuso su corazón roto frente a millones de oídos. Una de ellas fue “Against all odds”, el tema homónimo de una película que no logró trascender tanto como la canción. Pero la sensibilidad de Collins perdió la batalla contra la sobreexposición que vivió en la década del 80: el calvo baterista se ganó el odio global y tendría que cambiar el milenio para que su música recibiera los elogios que merecía.
Kenny Rogers & Dolly Parton “Islands in the Stream” (1983)
“Fiebre de sábado por la noche” llevó a la cima a los Bee Gees, pero la sobreexposición del trío terminó por cansar a la audiencia y generar un efecto negativo hacia la onda disco. Tras la funa que sufrieron del público y las radios, Barry, Robin y Maurice Gibb se vieron obligados a suplir la falta de trabajo con sus otros talentos: la composición y la producción. Los hermanos Gibb tenían en carpeta una canción de rhythm and blues que estaba pensada para Marvin Gaye. Pero el ícono del soul prefirió pasar y los Bee Gees cambiaron de estrategia y se la pasaron a Kenny Rogers, quien no se sintió cómodo cantando solo. Entonces llamó a Dolly Parton y así nació “Islands in the stream” un título basado en una novela de Ernest Hemingway, que se convirtió en el ejemplo más evidente de lo que es un crossover (en este caso, de country y pop).
Mott the Hoople “All the Young Dudes” (1972)
“All the young dudes” representa uno de los pináculos del glam rock, con su sonido y su onda más característica. David Bowie la escribió en apenas una hora en 1972 cuando leyó que la banda Mott the hoople estaba por separarse. De hecho, el bajista de la agrupación lo había llamado para pedirle trabajo y Bowie encontró una mejor solución a todo el dilema: regaló su nueva canción a Mott the hoople y les ofreció producir su siguiente álbum. Era una oferta que no se podía rechazar. La canción no sólo salvó la carrera de Mott the Hoople: también se convirtió en su mayor éxito en el Reino Unido y su única entrada en el Top 40 de Estados Unidos.
Paul McCartney & Wings “Band on the Run” (1973)
El 27 de febrero pasado se estrenó Man on the Run, el esperado documental que narra la etapa solista de Paul McCartney tras la disolución de los Beatles. El título es un juego de palabras con el álbum y la canción más célebre de la carrera solista de McCartney: “Band on the run”. La grabación de ese disco fue una aventura que los llevó a Nigeria, donde arriesgaron la vida y perdieron las grabaciones. Al final, la experiencia le permitió sacudirse a Paul del mal sabor de sus primeros años como solista y lo devolvió al sitial que siempre tuvo en la música como el músico más influyente del siglo pasado.
George Harrison “Beware of Darkness” (1970)
Mientras fue parte de los Beatles, la figura de George Harrison no tenía el peso mediático ni comercial que Lennon y McCartney imponían en el grupo de Liverpool. Por eso la disolución del cuarteto fue un verdadero grito de libertad para el guitarrista, que celebró la emancipación con el lanzamiento de su disco triple, All things must pass. Una de las canciones más interesantes del álbum es “Beware of darkness”. Su letra encierra varios significados y funciona como una advertencia contra los pensamientos negativos y las trampas de la fama, utilizando la espiritualidad y la naturaleza como contrapesos. Harrison advertía sobre el lado oscuro de ese estilo de vida que tenían las estrellas de rock. De paso, volvía a mostrar su conexión con la filosofía oriental y la tradición Hare Krishna. Según diversas interpretaciones de “Beware of darkness” hay referencias directas a sus antiguos compañeros de banda. Ringo Starr aparece como el "fallen swinger"; Lennon como el "soft shoe shuffler" y McCartney como el "greedy leader" – el líder codicioso. George había quedado muy herido con el trato que recibió de Paul, y en esta letra parecía expresarlo con creces. El tiempo, como se sabe, limó las asperezas entre ambos.
Doobie Brothers “What a Fool Believes” (1978)
Michael McDonald había llegado a los Doobie Brothers en 1976, para reemplazar al líder de entonces, Tom Johnston, que se encontraba con serios problemas de salud y apenas podía pisar un escenario. La llegada del cantante y tecladista cambió el paradigma del grupo que mutó de rock de estadios a baluarte del soft y yacht rock. McDonald grabó una canción que había compuesto con su amigo Kenny Loggins y que no tuvo mucho éxito cuando el propio Loggins la lanzó en su álbum Nightwatch. “What a fool believes”, en la versión de los Doobie Brothers, adoptó un ritmo más sincopado e incluyó un sintetizador Prophet que refrescó las fibras de su sonido. Incluso se dice que Michael Jackson participó en los coros, aunque nadie logró confirmarlo. Sus dos Grammy como grabación y canción del año, convirtieron al éxito en una marca registrada que, además de ser imitada hasta el cansancio, se transformaría en el buque insignia del yacht rock.
R.E.M. “Man on the Moon” (1992)
Michael Stipe consideraba al humorista Andy Kaufman como uno de los grandes genios de la comedia. Lo seguía en sus apariciones de Saturday Night Live y admiraba su imitación de Elvis. Con él en mente, escribió de un plumazo “Man on the moon”, un homenaje a Kaufman, pero también un compendio de cultura pop que habla de juegos de mesa, ciencia, algo de religión y hasta un cameo de la banda Mott the hoople. “Man on the moon” alcanzó el puesto número 30 en la lista Billboard e inspiró la película homónima de Milos Forman en 1999, con Jim Carrey encarnando a Andy Kaufman. Tras la disolución de R.E.M. en 2011, Michael Stipe dijo que esta sería la canción que más extrañaría tocar en público, por el efecto que provocaba “la línea de bajo en un mar de gente al final de un concierto”.
Radiohead “Fake Plastic Trees” (1995)
En 1994, Radiohead ya llevaba casi dos años de gira tras la edición de su debut, Pablo Honey. El grupo estaba exhausto y comenzaba a mostrar las primeras tensiones tras ser catalogados de “one hit wonder” por su éxito Creep. Pero la banda logró reagruparse y lanzó The Bends, un disco que les permitió sacudirse el estigma de su debut. Una de las canciones claves de ese álbum es “Fake Plastic Trees”, una balada sobrecogedora que trata sobre Canary Wharf, una zona en el este de Londres construida sobre terrenos industriales en desuso. Inspirado en el cantautor Jeff Buckley, Thom Yorke usó el falsete para darle el toque final de drama que necesitaba esa canción, uno de los clásicos ineludibles de la banda de Oxford.
Sebastián Santa María “Keep on Singing” (1987)
Cuando Sebastián Santa María encontró la fama en Chile, ya había hecho un largo recorrido lejos de nuestras fronteras. En 1987, Santa María grabó el sencillo “Keep on singing”, un trabajo que tenía más vocación comercial que sus otras composiciones y que encontró salida en el sello Island, el mismo que había masificado el reggae a nivel mundial. Pero la salud del chileno era frágil y falleció en Suiza en 1996, lugar en el que recibió homenajes antes de que su cuerpo fuera trasladado a nuestro país, donde encontró su lugar definitivo a los pies de un gran árbol en la localidad de Mallarauco.
Player “Baby Come Back” (1977)
Antes de conseguir su contrato discográfico, el grupo Player tocó “Baby Come Back” para el legendario ejecutivo musical Clive Davis. Davis, que descubrió a Janis Joplin y Whitney Houston, entre otros artistas, elogió la imagen y la música de la banda, pero dijo que no escuchaba un "éxito" en ese sencillo. El oído de Clive no era infalible y, por fortuna, Player siguió mostrando la canción hasta que firmó un contrato. “Baby come back” se convirtió, más que en un éxito, en un artefacto de la cultura pop que engalana las playlists de soft rock y que ha tenido menciones notables en series icónicas como Los Simpsons.
Lizzo “Juice” (2019)
Lizzo trajo una jugosa dosis de funk a la nueva década con su sencillo “Juice”, que trepó con facilidad en los rankings del mundo. Con su concepto de autoconfianza y seguridad personal a cualquier costo, la cantante logró permear las plataformas de streaming mientras ofrecía un coro de armonía compleja que desafiaba los códigos pop de la época. El video, repleto de referencias estéticas a los años ochenta, reforzó el tono nostálgico y eufórico de la canción y le dio una vida visual que amplificó su mensaje, al punto de convertirla en estrella mundial.
Lauryn Hill “Doo Wop (That Thing)” (1998)
Tras la separación de su exitoso trío The Fugges, Lauryn Hill se tomó un descanso para vivir su embarazo. Pero no descansó mucho. En un ático de South Orange, New Jersey, Lauryn Hill improvisó un estudio casero y se largó a escribir unas 30 canciones. Meses más tarde trabajó junto a Aretha Franklin y Whitney Houston, entre otras artistas. Con toda esa experiencia, Lauryn se abocó a grabar su propio álbum que aparecería el 25 de agosto de 1998 con el nombre de The miseducation of Lauryn Hill. El álbum fue un éxito de crítica y de público a través de su sencillo “Doo Wop (That thing)”, que se transformó en la canción del año. Su mezcla de R&B y hip-hop llegó a varias audiencias y le dio cinco premios Grammy en 1999: otro récord para una mujer en la industria.
Pretenders “Back on the Chain Gang” (1982)
El grupo Pretenders fue una bocanada de aire fresco en ese período en que el punk comenzó a desvanecerse y apareció el new wave como el movimiento hegemónico del pop. Liderado por Chryssie Hynde, el cuarteto entregó un debut perfecto que, además de popularidad consiguió excelentes comentarios de la crítica. Pero, apenas editaron su segundo disco, en 1981, la tragedia casi terminó con la banda: en un año perdieron al guitarrista James Honeyman-Scott y al bajista Pete Farndon, ambos por sobredosis. En medio de su luto, Chryssie escribió y grabó “Back on the Chain Gang”, una canción inspirada por la pérdida, pero también por la imperiosa necesidad de seguir haciendo música.
Joni Mitchell “California” (1971)
Al comienzo de los setenta, Joni hizo un pequeño receso en su carrera: necesitaba descansar y también mirar con retrospectiva lo que había hecho en los primeros años de su vida musical. Ella partió de vacaciones a Europa y se radicó en la isla de Creta, donde comenzó a escribir canciones. Muchas de las letras estaban inspiradas en su relación con el músico Graham Nash, a quien le avisó por un telegrama que ya no seguirían juntos. Pero el disco Blue no trataba sólo sobre rupturas y penas amorosas. Canciones como “California” reflejaban esa sensación de volver a los lugares que ella consideraba suyos, como su casa en los cerros de Laurel Canyon, el epicentro de la mejor música que nació en la costa oeste a principios de los setenta.
Tom Petty “I Won't Back Down” (1989)
Después de 11 años de estar tocando y editando discos junto a su banda, The Heartbreakers, Tom Petty decidió dar el paso a una carrera solista. El músico se encerró en el estudio y sólo interrumpió las sesiones para grabar el disco de su proyecto alternativo, el supergrupo The Traveling Wilburys. Una de las primeras grabaciones del nuevo disco fue “I won’t back down”, una historia de decepción y resiliencia que trata sobre la reconstrucción de la casa de Tom, tras ser incendiada por un pirómano en 1987. Además de ser uno de los éxitos de su disco Full Moon Fever, “I won’t back down” se convirtió en una de las canciones más tocadas en radio tras el ataque a las Torres Gemelas del fatídico 11-S.
The Korgis “Everybody's Got to Learn Sometime” (1980)
En apenas diez minutos, el grupo The Korgis compuso “Everybody's Got To Learn Sometime”, una pieza que lanzaron en 1980 y que fue considerada por los críticos como el puntapié inicial del movimiento new romantic. A pesar de su aparente sencillez lírica, la canción está profundamente arraigada en la filosofía budista y las enseñanzas de Jiddu Krishnamurti, quien habla de la percepción humana y el abandono de los condicionamientos sociales. La canción fue un éxito indiscutido y con el tiempo perduró a través de numerosas versiones, como la que hizo Beck para la película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos.
Fleetwood Mac “Go your own way” (1977)
El álbum Rumours de Fleetwood Mac fue una verdadera teleserie en clave de pop. Los conflictos internos operaron como combustible creativo y, entre el alcohol y la cocaína, terminaron por fabricar uno de los testimonios perdurables de esa época. Lindsey Buckingham escribió "Go Your Own Way" como un mensaje directo a Stevie Nicks y lo cargó de suficiente rabia como para molestar a su expareja. Nicks respondió con “Dreams”, que correspondía a su versión de la historia. Ambas canciones dejaron a la banda en las nubes de la música popular y, a pesar de los duros recados que se mandan sus protagonistas, nunca dejaron de tocarlas en el escenario.
Tame Impala “The Less I Know the Better” (2015)
Kevin Parker casi no incluye "The Less I Know the Better" en el álbum Currents de 2015: la consideraba como "disco funk blanco y tonto" y no creía que calzara con su proyecto Tame Impala. El australiano incluso pensó en cedérsela a Mark Ronson para su álbum Uptown Special, que podía tener más afinidad con ese estilo de música. Con su cambio de opinión, Parker llegó a un público masivo que consideró la canción un verdadero himno de su época. Detrás del ritmo infeccioso y la reconocible línea de bajo, el tema habla sobre un triángulo amoroso y un perdedor, y caló profundo en la sensibilidad juvenil de la década pasada.
Los Tres “Moizéfala” (1995)
Subestimada por su autor, Álvaro Henríquez, pero solicitada hasta el cansancio por el público, “Moizéfala” se ganó su derecho a estar en el repertorio eterno de Los Tres. La canción, que fue compuesta para un cortometraje de Germán Bobe y que toma su nombre del apodo de un actor transexual, entró a duras penas en el disco La Espada y la Pared y fue ignorada por la banda en sus primeros años. Con el tiempo, esta balada con toques de soul que habla de cartas de amor fue aclamada por la audiencia e incluida religiosamente por Los Tres en el último ciclo de conciertos que los trajo de vuelta después de un largo receso.